Día raro, escribiendo con luz no sé cómo me veré.
Seguro que, si viene de algo tan precioso, sale bien.
Trato de no pensar,
de no esperar,
de no sangrar.
Traté con dulzura tu clavícula y ahora me pasa factura.
Hablando de tratar, te ofrezco un trato: mi reino por tus pensamientos.
Una pena que no tenga reino.
Una alegría no saber lo que se te pasa por ahí.
Me convertí en caballero para preguntarme:
- ¿Es mi esposa o mi reina?
Las dos cosas.
Me dije mientras le besaba el cuello.
Trataré que acostumbrarme a desacostumbrarme.
A que llegues siempre tarde.
A que te enredes en mis sábanas, con una sudadera ancha, más bonita que la misma luna.
Hablo de ti.
La ropa poco importa.
Y me fui.
Para no volver a irme.
Para quedarme en tu reino durante bastante tiempo.
Lo único que espero, es que no haya guerras.
Que no haya reinas.
Ya que este caballero solo sirve a una.
Y que no me quede con las ganas.
Que te voy a echar de menos,
porque
de más
no
puedo.
L.

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