Llega el fin de los finales para diciembre.
Se acaba el año,
como se acaba la noche de magia que programamos.
Fue gran idea hablar de lo que no nos pegaba,
fue un error ser prácticos
ser realistas.
Ser clasistas.
Con las luces de navidad,
con la inmensa cantidad de pistas.
Las que me dabas para que espabilara,
para que viviera el momento,
para no cruzar palabra.
No cruzar palabra y besarte,
arañarte sin venir a cuento,
lamerte de abajo,
hasta el cuello.
Como dije el 24,
tengo ganas de quitarte la ropa,
sin usar las manos.
Preguntando a tus lunares
por qué son tan tímidos,
tan sumamente lindos.
Y así poder ocultar mis sentidos
en todos
y cada uno
de
tus
gemidos.
¿O eran quejidos?...
Espero poder lamer cada uno de tus latidos.
Lunas noches. Feliz entrada de enero.
sábado, 31 de diciembre de 2016
viernes, 30 de diciembre de 2016
Perdona, ¿tienes fuego?
Era la primera frase que tenían que decirse.
En un escenario empezó todo.
Allí, se conocieron,
fingieron que se amaban,
se besaron.
Murieron.
Una, y otra, y otra,
y otra vez.
En el teatro interpretaban al hombre y a la mujer de fuego.
A su alrededor, todo era tierra quemada,
y a ellos no les importaba.
Él veía que ella brillaba,
ella veía en él que volaba.
Al final de la obra, se tenían que tirar de un precipicio.
¿Qué pasaba?
Pues que se habían hartado de quemarlo todo a su paso,
así que se asomaron,
admiraron
y
acabaron.
Hay gente que opina que ese amor era una bendición,
otros, que era una maldición.
Permíteme un consejo.
Cierra los ojos
cuenta hasta diez
y que empiece
la
función.
Lunas y cálidas noches.
En un escenario empezó todo.
Allí, se conocieron,
fingieron que se amaban,
se besaron.
Murieron.
Una, y otra, y otra,
y otra vez.
En el teatro interpretaban al hombre y a la mujer de fuego.
A su alrededor, todo era tierra quemada,
y a ellos no les importaba.
Él veía que ella brillaba,
ella veía en él que volaba.
Al final de la obra, se tenían que tirar de un precipicio.
¿Qué pasaba?
Pues que se habían hartado de quemarlo todo a su paso,
así que se asomaron,
admiraron
y
acabaron.
Hay gente que opina que ese amor era una bendición,
otros, que era una maldición.
Permíteme un consejo.
Cierra los ojos
cuenta hasta diez
y que empiece
la
función.
Lunas y cálidas noches.
jueves, 29 de diciembre de 2016
Corazón de conejo. (Luces comestibles, PT. 4, FINAL)
"Oro y humo, mi segunda piel."
Última frase que escuchamos en aquel cuchitril, que es mi habitación.
No tenemos ganas de irnos,
tenemos ganas de mimos,
de comernos,
de matarnos.
Te acaricio la espalda como si fuera lo último que fuera a tocar en mi vida.
Razón no me falta.
Tu espalda es lo más bonito y puro que he visto en mi vida.
Y escribo esto
imaginándola.
Cuando la vea,
bastará una ráfaga de viento para tumbarme,
para tragarme esa trola.
Para que nunca esté sola.
Te pareces mucho a un conejo.
Tienes unos oídos increíbles,
un pelo "abrigable",
unos ojos envidiables.
Quiero morderte cada día que mis ojos se abran,
quiero comerte cada día que mi lengua baile,
quiero ver como tus ojos se apartan,
quiero leerte todo el cuerpo en braille.
Mis pies, ahora, tocan el suelo.
Tus mofletes, cuando los muerdo,
hacen mella hasta el punto
que me muero.
Me arañaste la cara para que me diera cuenta de que te ibas.
De que no ibas a volver en mucho tiempo.
De que lo nuestro era sincero.
Y, como de costumbre,
aquí me hallo.
Preguntándome qué remedio tengo.
Cuando, de repente,
veo que esto
tiene color.
y se torna
muy,
pero que muy,
negro.
Y es ahí cuando me doy cuenta
de que
casi
te
hiero.
Última frase que escuchamos en aquel cuchitril, que es mi habitación.
No tenemos ganas de irnos,
tenemos ganas de mimos,
de comernos,
de matarnos.
Te acaricio la espalda como si fuera lo último que fuera a tocar en mi vida.
Razón no me falta.
Tu espalda es lo más bonito y puro que he visto en mi vida.
Y escribo esto
imaginándola.
Cuando la vea,
bastará una ráfaga de viento para tumbarme,
para tragarme esa trola.
Para que nunca esté sola.
Te pareces mucho a un conejo.
Tienes unos oídos increíbles,
un pelo "abrigable",
unos ojos envidiables.
Quiero morderte cada día que mis ojos se abran,
quiero comerte cada día que mi lengua baile,
quiero ver como tus ojos se apartan,
quiero leerte todo el cuerpo en braille.
Mis pies, ahora, tocan el suelo.
Tus mofletes, cuando los muerdo,
hacen mella hasta el punto
que me muero.
Me arañaste la cara para que me diera cuenta de que te ibas.
De que no ibas a volver en mucho tiempo.
De que lo nuestro era sincero.
Y, como de costumbre,
aquí me hallo.
Preguntándome qué remedio tengo.
Cuando, de repente,
veo que esto
tiene color.
y se torna
muy,
pero que muy,
negro.
Y es ahí cuando me doy cuenta
de que
casi
te
hiero.
Lunas noches.
Penúltima entrada del año. Bienvenida seas.
miércoles, 28 de diciembre de 2016
Cicatrices. (Luces comestibles, PT. 2)
"Tengo fe y te rezo a besos."
Segunda frase que escuchamos en aquel cuarto más desordenado que nuestra propia cabeza.
Ya no hay luces que comerse.
Ahora, solo faltas tú.
Te muestras, ante mi,
sin ropa,
sin coraza,
sin cicatrices.
Mientes.
Cuando te guardas algo malo, te sale una flor de dentro.
Pide ser regada.
Con caricias,
con besos,
con infinidad de
"te reviento".
A partir de ahí, tengo solo 3 segundos para hacerte reír.
Habrá que hacer magia.
Tiemblo,
pierdo pulso,
muerdo.
Te alejas, como un animal que va a matar lo que tiene delante, observando su víctima.
Te lías.
Acabas reclinándote, ofreciéndote.
Me río.
No eres consciente de lo que fuerte que te mataría.
Sí, hay maneras de matar,
más suave,
más áspero,
más mojada,
mal tratada.
Por alguna mano que no sabía lo que se postraba ante ella,
lo que se va a perder.
Y esto, querida,
lo sabe una
que no te ha tocado
ni la mínima
parte
de
tu
piel.
Lunas noches. Sin ganas me hallo. Qué va.
Segunda frase que escuchamos en aquel cuarto más desordenado que nuestra propia cabeza.
Ya no hay luces que comerse.
Ahora, solo faltas tú.
Te muestras, ante mi,
sin ropa,
sin coraza,
sin cicatrices.
Mientes.
Cuando te guardas algo malo, te sale una flor de dentro.
Pide ser regada.
Con caricias,
con besos,
con infinidad de
"te reviento".
A partir de ahí, tengo solo 3 segundos para hacerte reír.
Habrá que hacer magia.
Tiemblo,
pierdo pulso,
muerdo.
Te alejas, como un animal que va a matar lo que tiene delante, observando su víctima.
Te lías.
Acabas reclinándote, ofreciéndote.
Me río.
No eres consciente de lo que fuerte que te mataría.
Sí, hay maneras de matar,
más suave,
más áspero,
más mojada,
mal tratada.
Por alguna mano que no sabía lo que se postraba ante ella,
lo que se va a perder.
Y esto, querida,
lo sabe una
que no te ha tocado
ni la mínima
parte
de
tu
piel.
Lunas noches. Sin ganas me hallo. Qué va.
domingo, 25 de diciembre de 2016
Luces comestibles.
"Y tengo miedo de encontrarte y no aguantar las ganas de tirarte al suelo."
Justo cuando estábamos en mi cuarto,
medio desnudos por dentro,
medio vestidos por fuera,
suena esta frase.
Y nos derretimos.
Nos derretimos de la calor que sale del pecho,
para bebernos.
Para matarnos.
Empezamos a quitarnos la ropa el uno al otro,
queremos ir lentos,
me pegas con el codo.
Me pegas, y es para que espabile,
para que te mire a los ojos.
Para que me coma un vacile.
Y no es lo único que me comí.
¿Sabes?... Me he imaginado infinidad de veces cómo te ves desnuda.
Debajo de esa ropa eres París.
¿La has visitado alguna vez?
Es preciosa.
Vuelvo, que divago.
Te queda una camiseta para estar más guapa aún.
Noto algo raro.
Bultos.
Eran inseguridades,
defectos perfectos,
luces.
Cojo todos y cada uno de esos bultos y
me los trago.
Me plantas en mi cuello un pronombre posesivo.
Y revivo.
Te tiro del pelo, muerdo, y muero.
Te desvaneces como el humo de un cigarro.
Y Granada
se hace
barro.
Lunas noches.
Justo cuando estábamos en mi cuarto,
medio desnudos por dentro,
medio vestidos por fuera,
suena esta frase.
Y nos derretimos.
Nos derretimos de la calor que sale del pecho,
para bebernos.
Para matarnos.
Empezamos a quitarnos la ropa el uno al otro,
queremos ir lentos,
me pegas con el codo.
Me pegas, y es para que espabile,
para que te mire a los ojos.
Para que me coma un vacile.
Y no es lo único que me comí.
¿Sabes?... Me he imaginado infinidad de veces cómo te ves desnuda.
Debajo de esa ropa eres París.
¿La has visitado alguna vez?
Es preciosa.
Vuelvo, que divago.
Te queda una camiseta para estar más guapa aún.
Noto algo raro.
Bultos.
Eran inseguridades,
defectos perfectos,
luces.
Cojo todos y cada uno de esos bultos y
me los trago.
Me plantas en mi cuello un pronombre posesivo.
Y revivo.
Te tiro del pelo, muerdo, y muero.
Te desvaneces como el humo de un cigarro.
Y Granada
se hace
barro.
Lunas noches.
sábado, 24 de diciembre de 2016
Deseo vespertino.
La noche comienza en un bar con bastante mal servicio.
No nos hacía falta nada.
Solo mirarnos a los ojos.
Casi bengalas.
Me arañas la espalda queriendo sacar mis alas.
Y me caí.
Me caí en tus manos, frías como siempre.
Me quedé a descansar en las arrugas de tus dedos.
Y me hice un nudo.
Me deshiciste para que siguiera cayendo.
Y, joder que si caí.
Más concretamente a tus rodillas,
las cuales colocas a cada lado de mi pierna y
aprietas.
Me traes hacia ti.
Sale fuego de esos mares que tienes cerca de las pupilas.
Ibas a estar guapa con arrugas, con estrías.
De engordar con el cariño que te doy cada puñetero día.
Y a mi ya me ves,
más delgado.
Me parecen pocos los besos que nos damos.
Que rogamos al tiempo,
que no para de apretarnos.
El tiempo es relativo.
Un reloj sabe la hora porque otro reloj se la dice.
Los kilómetros son relativos.
Una sonrisa acerca mucho más a dos personas que cualquier coche.
La que no es relativa eres tú.
Eres superlativa a todo lo que te rodea,
subjetiva a todo lo que te agrieta.
Pero, seamos sinceros.
Queremos que se pare el tiempo en momentos de suicidio.
Que las sonrisas sean en directo.
Que los susurros no hagan daño en el pecho.
Y eso no puede llevar a nada bueno,
solamente a algo malo.
Algo tan malo que,
a cada momento de pensarte,
se convierte en algo deseado.
Algo maltratado, cierro este epitafio.
Espero que, cuando vuelva a caer, pueda a quedarme a vivir en el hueso de tu tobillo.
Que no duela mucho morir.
Ni tampoco
las ganas
de
estar
allí.
Lunas noches.
No nos hacía falta nada.
Solo mirarnos a los ojos.
Casi bengalas.
Me arañas la espalda queriendo sacar mis alas.
Y me caí.
Me caí en tus manos, frías como siempre.
Me quedé a descansar en las arrugas de tus dedos.
Y me hice un nudo.
Me deshiciste para que siguiera cayendo.
Y, joder que si caí.
Más concretamente a tus rodillas,
las cuales colocas a cada lado de mi pierna y
aprietas.
Me traes hacia ti.
Sale fuego de esos mares que tienes cerca de las pupilas.
Ibas a estar guapa con arrugas, con estrías.
De engordar con el cariño que te doy cada puñetero día.
Y a mi ya me ves,
más delgado.
Me parecen pocos los besos que nos damos.
Que rogamos al tiempo,
que no para de apretarnos.
El tiempo es relativo.
Un reloj sabe la hora porque otro reloj se la dice.
Los kilómetros son relativos.
Una sonrisa acerca mucho más a dos personas que cualquier coche.
La que no es relativa eres tú.
Eres superlativa a todo lo que te rodea,
subjetiva a todo lo que te agrieta.
Pero, seamos sinceros.
Queremos que se pare el tiempo en momentos de suicidio.
Que las sonrisas sean en directo.
Que los susurros no hagan daño en el pecho.
Y eso no puede llevar a nada bueno,
solamente a algo malo.
Algo tan malo que,
a cada momento de pensarte,
se convierte en algo deseado.
Algo maltratado, cierro este epitafio.
Espero que, cuando vuelva a caer, pueda a quedarme a vivir en el hueso de tu tobillo.
Que no duela mucho morir.
Ni tampoco
las ganas
de
estar
allí.
Lunas noches.
jueves, 22 de diciembre de 2016
Al otro lado.
Todo iba normal, hasta que supe de tu llegada.
Ya había clavado mis ojos en tu cuerpo,
tus manos,
tus defectos.
Lloraba por no pegarte,
me mordía para que no sangrara.
Llegada a un piso desconocido,
hablar con alguien que, sintiéndolo mucho, no me recuerda a nadie que me haya hecho daño.
Comerme sus galletas,
y eso que no tenía hambre.
No de ellas.
Una pena tener que irme,
una pena ser responsable,
una pena ser cobarde.
Nos sangraron los labios de tanto hablar,
tanto acariciar con palabras.
De tanto no-pegar
(nos).
Lo que de verdad no pegaba era que durmieras en el salón.
Pero eso no lo sabíamos aún.
No me gustaba viajar, hasta que pasó poco tiempo.
Los auriculares ya no hablan,
se han callado,
para dejarme divagar
coleccionando billetes de futuros viajes.
Aquél sitio cuidó más de mi de lo que lo hacen las flores.
Y mira que les canto, les hablo y les cuido.
Nervios de primera noche.
Se disuelven entre abrazos,
caricias en el culo,
mordiscos.
Volvemos a la sangre.
Esta vez, teniendo más azogue.
Nervios de segunda noche.
Lloviendo, como no podría ser de otra manera.
Negando lo que era innegable,
como el beso de una funambulista.
Bendita mañana peluda.
Maldita tarde corta.
Nos mojamos la mitad de nuestro cuerpo.
El resto estaba hundido.
Y, desde entonces, dio comienzo lo sempiterno.
Mis malas artes me llevaran a matarte,
las dudas,
las penas.
Y aquí me ves,
loco por reanimarte.
Voy dejando entreabierta esta ventana,
que cuando venga el frío de enero se abra de par en par.
Y que cuando me pidas un beso,
no te lo querré dar.
Te querré
dar
más.
Mucho
más.
Lunas noches.
Ya había clavado mis ojos en tu cuerpo,
tus manos,
tus defectos.
Lloraba por no pegarte,
me mordía para que no sangrara.
Llegada a un piso desconocido,
hablar con alguien que, sintiéndolo mucho, no me recuerda a nadie que me haya hecho daño.
Comerme sus galletas,
y eso que no tenía hambre.
No de ellas.
Una pena tener que irme,
una pena ser responsable,
una pena ser cobarde.
Nos sangraron los labios de tanto hablar,
tanto acariciar con palabras.
De tanto no-pegar
(nos).
Lo que de verdad no pegaba era que durmieras en el salón.
Pero eso no lo sabíamos aún.
No me gustaba viajar, hasta que pasó poco tiempo.
Los auriculares ya no hablan,
se han callado,
para dejarme divagar
coleccionando billetes de futuros viajes.
Aquél sitio cuidó más de mi de lo que lo hacen las flores.
Y mira que les canto, les hablo y les cuido.
Nervios de primera noche.
Se disuelven entre abrazos,
caricias en el culo,
mordiscos.
Volvemos a la sangre.
Esta vez, teniendo más azogue.
Nervios de segunda noche.
Lloviendo, como no podría ser de otra manera.
Negando lo que era innegable,
como el beso de una funambulista.
Bendita mañana peluda.
Maldita tarde corta.
Nos mojamos la mitad de nuestro cuerpo.
El resto estaba hundido.
Y, desde entonces, dio comienzo lo sempiterno.
Mis malas artes me llevaran a matarte,
las dudas,
las penas.
Y aquí me ves,
loco por reanimarte.
Voy dejando entreabierta esta ventana,
que cuando venga el frío de enero se abra de par en par.
Y que cuando me pidas un beso,
no te lo querré dar.
Te querré
dar
más.
Mucho
más.
Lunas noches.
martes, 20 de diciembre de 2016
Lo que no quiero que seas.
No hablo de cómo eres, ni de cómo deseo que seas,
puesto que no te conozco.
Voy a hablar de lo que no quiero que seas,
te conviertas,
caigas.
No quiero que seas una más.
No quiero que sepas lo que te miro a escondidas.
No quiero que te conviertas en una canción de Andrés Suárez.
No quiero que seas un poema de Edgar Allan Poe.
No quiero que seas un beso.
Un beso de amor que no termina de encontrar un par de labios a su medida.
Por eso quizá, quienes pasan cerca tuya, sonríen.
Hoy no me saldría ponerme bruto.
Hoy me saldría todo de lujo.
Te desnudaría a miradas,
te arañaría con besos,
te acariciaría con exceso.
Lamería cada defecto tuyo,
me dejaría atravesar por tu saeta,
esa clavícula tuya que me trae de cabeza.
No te arrancarían de mi lado,
no podrían decapitar mi cabeza inquieta,
mientras te miro los colmillos afilados.
Mañana va a ser un día duro,
cuando tus manos y pies fríos no sean presas,
esas mismas que te ato, para que no escribas "fea".
Escribo mirando por la ventana,
para ver tu constelación.
Léeme los labios.
Que ya no sé firmar.
Ayúdame.
Que ya no sé mimar,
ni tampoco sé
como
no
amar.
Lunas noches.
puesto que no te conozco.
Voy a hablar de lo que no quiero que seas,
te conviertas,
caigas.
No quiero que seas una más.
No quiero que sepas lo que te miro a escondidas.
No quiero que te conviertas en una canción de Andrés Suárez.
No quiero que seas un poema de Edgar Allan Poe.
No quiero que seas un beso.
Un beso de amor que no termina de encontrar un par de labios a su medida.
Por eso quizá, quienes pasan cerca tuya, sonríen.
Hoy no me saldría ponerme bruto.
Hoy me saldría todo de lujo.
Te desnudaría a miradas,
te arañaría con besos,
te acariciaría con exceso.
Lamería cada defecto tuyo,
me dejaría atravesar por tu saeta,
esa clavícula tuya que me trae de cabeza.
No te arrancarían de mi lado,
no podrían decapitar mi cabeza inquieta,
mientras te miro los colmillos afilados.
Mañana va a ser un día duro,
cuando tus manos y pies fríos no sean presas,
esas mismas que te ato, para que no escribas "fea".
Escribo mirando por la ventana,
para ver tu constelación.
Léeme los labios.
Que ya no sé firmar.
Ayúdame.
Que ya no sé mimar,
ni tampoco sé
como
no
amar.
lunes, 19 de diciembre de 2016
Compatibilidad bajo la luz de enero.
Así empieza la tarde. Con esa frase lapidaria y una media sonrisa que se escapa.
- No puedes seguir así.
- ¿Así cómo?
- Pues de mamón. No se puede tener todo en esta vida, ni puedes darlo todo. Si crees que sí que puedes, se te caerá todo encima.
- Lo sé pero... ¿tú me vas a venir a dar consejo?
- Y, ¿por qué no?
- No me entiendes.
- Nos entendemos más de lo que crees.
La otra media sonrisa que quedaba no aparece sola, esta vez, de oreja a oreja.
Tu boca es de las más brillantes rejas que encierran mucho más que lo que puede ver cualquiera.
- Si nos entendemos tanto, dime por qué discrepamos tanto.
- No somos iguales, así de simple. Así de complicado. Nadie es como nadie, sino, ¿qué gracia tendría ser todos iguales?
- Ninguna, la verdad.
Sigue la tarde y hablamos de nuestras posibles decisiones, hablamos de finales sin siquiera pensar en comienzos.
En días de melancolías, de escritura, de lectura.
Pensamos en nuestros puntos de sutura.
Y todo eso. TODO eso, solo mirando.
Ni siquiera a los ojos. Con mirar, nos basta.
- Yo creo que tú eres azul. Tu sangre es azul.
- ¿Tú sabes por qué se llamaba a los nobles, "sangre azul"?
- Pues no.
- Era porque, al no trabajar en las tierras, no se ponían morenos. Al ser blancos de piel, sus venas se notaban mucho más. Su sangre parecía azul. Pero, obviamente, eso no era así.
- Entonces, ¿puedo ser de sangre azul?
- Claro, pero debo advertirte una cosa. Yo no soy de sangre azul. Si me corto, sangro rojo. Siempre he sido mucho de "la sangre roja".
- "Abajo la sangre roja".
- Abajo la sangre azul.
Una carcajada y una sonrisa que era imposible borrar. En realidad eran dos pero yo la cuento como "una".
- Hasta en eso estamos en desacuerdo.
- ¿Y?, yo te quiero igual.
- Ven aquí.
Un corazón de conejo y un sangre roja.
Somos todo lo contrario.
Todo lo contrario.
Y ya me ves,
volando puentes entre tus brazos y los míos.
Lo peor es vivir sin estar aquí.
Caminar sin sentir.
Mirar sin ver.
Besar
sin
ti.
Lunas noches. Pd: por favor, no me hables bajito.
- No puedes seguir así.
- ¿Así cómo?
- Pues de mamón. No se puede tener todo en esta vida, ni puedes darlo todo. Si crees que sí que puedes, se te caerá todo encima.
- Lo sé pero... ¿tú me vas a venir a dar consejo?
- Y, ¿por qué no?
- No me entiendes.
- Nos entendemos más de lo que crees.
La otra media sonrisa que quedaba no aparece sola, esta vez, de oreja a oreja.
Tu boca es de las más brillantes rejas que encierran mucho más que lo que puede ver cualquiera.
- No somos iguales, así de simple. Así de complicado. Nadie es como nadie, sino, ¿qué gracia tendría ser todos iguales?
- Ninguna, la verdad.
Sigue la tarde y hablamos de nuestras posibles decisiones, hablamos de finales sin siquiera pensar en comienzos.
En días de melancolías, de escritura, de lectura.
Pensamos en nuestros puntos de sutura.
Y todo eso. TODO eso, solo mirando.
Ni siquiera a los ojos. Con mirar, nos basta.
- ¿Tú sabes por qué se llamaba a los nobles, "sangre azul"?
- Pues no.
- Era porque, al no trabajar en las tierras, no se ponían morenos. Al ser blancos de piel, sus venas se notaban mucho más. Su sangre parecía azul. Pero, obviamente, eso no era así.
- Entonces, ¿puedo ser de sangre azul?
- Claro, pero debo advertirte una cosa. Yo no soy de sangre azul. Si me corto, sangro rojo. Siempre he sido mucho de "la sangre roja".
- "Abajo la sangre roja".
- Abajo la sangre azul.
Una carcajada y una sonrisa que era imposible borrar. En realidad eran dos pero yo la cuento como "una".
- Hasta en eso estamos en desacuerdo.
- ¿Y?, yo te quiero igual.
- Ven aquí.
Un corazón de conejo y un sangre roja.
Somos todo lo contrario.
Todo lo contrario.
Y ya me ves,
volando puentes entre tus brazos y los míos.
Lo peor es vivir sin estar aquí.
Caminar sin sentir.
Mirar sin ver.
Besar
sin
ti.
domingo, 18 de diciembre de 2016
Hablar bajito.
Íbamos corriendo al pub de siempre.
Estaba lloviendo, menuda mala suerte.
Llevabas puesto tu vestido de flores,
yo, mi traje negro.
No te atrevías a hablarme de amores.
y yo, como siempre,
siendo sincero.
Te cogí de la cintura, te puse contra la pared, y te dije:
- Si me vuelves a matar, te tiro al suelo, te arranco el vestido y lleno tu sonrisa de mordiscos.
Te acercaste a mi oreja, y me dijiste.
Me dijiste algo que no oí.
Te gustaba hablar bajito.
Mi cuerpo sí que te escuchó.
Se me pusieron los pelos de punta,
se me durmieron los dedos de las manos.
Mis pies dejaron de sentir cansancio,
mi corazón, lo contrario de calmado.
Seguimos nuestro camino,
yo con una sonrisa de oreja a oreja.
Tú con prisas y cara de haber roto el mundo.
Qué va.
Lo has salvado.
Y, aquí me ves,
desvelado.
Enero no viene rápido,
y yo ando peleando con mis ganas...
que ya el frío no me cala,
y
¿sabes lo que te digo?
Corre.
O no respondo
de
mis
alas.
Lunas noches.
Estaba lloviendo, menuda mala suerte.
Llevabas puesto tu vestido de flores,
yo, mi traje negro.
No te atrevías a hablarme de amores.
y yo, como siempre,
siendo sincero.
Te cogí de la cintura, te puse contra la pared, y te dije:
- Si me vuelves a matar, te tiro al suelo, te arranco el vestido y lleno tu sonrisa de mordiscos.
Te acercaste a mi oreja, y me dijiste.
Me dijiste algo que no oí.
Te gustaba hablar bajito.
Mi cuerpo sí que te escuchó.
Se me pusieron los pelos de punta,
se me durmieron los dedos de las manos.
Mis pies dejaron de sentir cansancio,
mi corazón, lo contrario de calmado.
Seguimos nuestro camino,
yo con una sonrisa de oreja a oreja.
Tú con prisas y cara de haber roto el mundo.
Qué va.
Lo has salvado.
Y, aquí me ves,
desvelado.
Enero no viene rápido,
y yo ando peleando con mis ganas...
que ya el frío no me cala,
y
¿sabes lo que te digo?
Corre.
O no respondo
de
mis
alas.
Lunas noches.
viernes, 16 de diciembre de 2016
Ahora entiendo.
Ahora entiendo por qué siento lo que siento.
Todo rompió como una explicación.
Como si te tiro al suelo, y empiezo a besarte.
Bailé con ella después.
y fugamos para no volver.
Una pena que ella quisiera volver,
me destrozara,
y me quede parado en el tiempo.
Granada es como tú.
No se sabe la temperatura, ni del destino.
Lo que importa es que page su billete
Así podremos.
Podremos besarnos, arañarnos,
follarnos.
Hacer el amor.
Podremos, pero
¿Quién hace eso en caso de incendio?
No sigas, nos vamos ya.
Hoy no quiero foto.
Hoy quiero tenerte aquí.
Dándome la mano tan fuerte,
que duela.
Que duela tanto como respirar humo.
Como bailar contigo.
Quiero ser esa arruga del carrillo,
en la se hunde tu nariz al besarme.
Hoy no hay dibujo.
No me apetece imaginarte.
Algo banal, para una noche sin ti.
Una de pocas.
Una de tantas.
Te muerdo la boca.
Y
no miro
ni la
hora.
Todo rompió como una explicación.
Como si te tiro al suelo, y empiezo a besarte.
Bailé con ella después.
y fugamos para no volver.
Una pena que ella quisiera volver,
me destrozara,
y me quede parado en el tiempo.
Granada es como tú.
No se sabe la temperatura, ni del destino.
Lo que importa es que page su billete
Así podremos.
Podremos besarnos, arañarnos,
follarnos.
Hacer el amor.
Podremos, pero
¿Quién hace eso en caso de incendio?
No sigas, nos vamos ya.
Hoy no quiero foto.
Hoy quiero tenerte aquí.
Dándome la mano tan fuerte,
que duela.
Que duela tanto como respirar humo.
Como bailar contigo.
Quiero ser esa arruga del carrillo,
en la se hunde tu nariz al besarme.
Hoy no hay dibujo.
No me apetece imaginarte.
Algo banal, para una noche sin ti.
Una de pocas.
Una de tantas.
Te muerdo la boca.
Y
no miro
ni la
hora.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
Sueño de verano.
14 de diciembre de 2016.
El mejor sitio del mundo,
donde la inmensa mayoría de cosas que pasan son buenas,
es la cama.
Una de las cosas maravillosas que puede suceder en ella, es el verano.
O, lo que es lo mismo,
tú.
Me traes calor, agobio, sudor.
Te ahogo.
Te cojo del cuello, y aprieto fuerte.
Suelto para besártelo, mientras te meto un tirón de pelo.
Sigo bajando,
dibujo con la lengua todo lo que se me va ocurriendo.
Y, por fin, el deseado momento.
Nada de abecedarios, nada de formas geométricas.
Empiezo a dar besos a cada punto del triángulo,
y voy bajando.
Ahora soy yo el que muerdo, el interior del muslo,
para ser más exactos,
y dejar un buen par de cardenales.
Calmo el dolor a lametones.
Me aparto las sábanas para verte la cara.
Sonrío.
Te muerdes el labio.
Te imito.
Y te bebo.
Te mueres al poco.
Revivo como un loco.
Y vuelvo a hacértelo,
una
y dos y tres,
y cuatro y cinco,
y seis y siete,
y ocho y nueve.
Y vacile.
Ahí es cuando mueres más y se para.
Una pena.
Lunas noches, aunque sea el final de esta.
El mejor sitio del mundo,
donde la inmensa mayoría de cosas que pasan son buenas,
es la cama.
Una de las cosas maravillosas que puede suceder en ella, es el verano.
O, lo que es lo mismo,
tú.
Me traes calor, agobio, sudor.
Te ahogo.
Te cojo del cuello, y aprieto fuerte.
Suelto para besártelo, mientras te meto un tirón de pelo.
Sigo bajando,
dibujo con la lengua todo lo que se me va ocurriendo.
Y, por fin, el deseado momento.
Nada de abecedarios, nada de formas geométricas.
Empiezo a dar besos a cada punto del triángulo,
y voy bajando.
Ahora soy yo el que muerdo, el interior del muslo,
para ser más exactos,
y dejar un buen par de cardenales.
Calmo el dolor a lametones.
Me aparto las sábanas para verte la cara.
Sonrío.
Te muerdes el labio.
Te imito.
Y te bebo.
Te mueres al poco.
Revivo como un loco.
Y vuelvo a hacértelo,
una
y dos y tres,
y cuatro y cinco,
y seis y siete,
y ocho y nueve.
Y vacile.
Ahí es cuando mueres más y se para.
Una pena.
Lunas noches, aunque sea el final de esta.
¿Qué es un abrazo?
Un abrazo es tenerte en mi habitación, mientras nos importa una mierda lo que pase fuera.
"Hoy llevo un día
donde un abrazo
no acelera el corazón.
Lo calma."
Llueve en Granada.
Llora tu ausencia.
He salido a hacer unas fotocopias, estaba cayendo una buena.
Y yo, como de costumbre, sin paraguas.
Andaba, y se me mojaban las deportivas.
Ellas también lloraban.
Ven que esta lluvia no es la que las mojaba no hace tanto, un poquito más al sur.
Al sur de tu cabeza, la cual desearía abrir, para lamerte el cerebro.
Al sur de tu cuello, el cuál tengo unas ganas de morder... puf.
Enormes.
Al sur de tu pecho, el mismo que tuve muy cerca, mientras te daba un beso.
Al sur, donde no echen de menos la lluvia mis manos.
Torpes.
Toco el bajo porque no puedo tocarte a ti.
Lo tiro. Bien lejos.
Me acaricio el brazo.
Quiero hacer un trato.
La próxima vez que me vea así,
ven a pegarme en la lengua.
Que aún está feliz gracias
a nuestras noches sin reglas.
Y, también, a nuestra conversación.
Sem
pi
ter
na.
Lunas noches.
"Hoy llevo un día
donde un abrazo
no acelera el corazón.
Lo calma."
Llueve en Granada.
Llora tu ausencia.
He salido a hacer unas fotocopias, estaba cayendo una buena.
Y yo, como de costumbre, sin paraguas.
Andaba, y se me mojaban las deportivas.
Ellas también lloraban.
Ven que esta lluvia no es la que las mojaba no hace tanto, un poquito más al sur.
Al sur de tu cabeza, la cual desearía abrir, para lamerte el cerebro.
Al sur de tu cuello, el cuál tengo unas ganas de morder... puf.
Enormes.
Al sur de tu pecho, el mismo que tuve muy cerca, mientras te daba un beso.
Al sur, donde no echen de menos la lluvia mis manos.
Torpes.
Toco el bajo porque no puedo tocarte a ti.
Lo tiro. Bien lejos.
Me acaricio el brazo.
Quiero hacer un trato.
La próxima vez que me vea así,
ven a pegarme en la lengua.
Que aún está feliz gracias
a nuestras noches sin reglas.
Y, también, a nuestra conversación.
Sem
pi
ter
na.
Lunas noches.
martes, 13 de diciembre de 2016
Gracias.
Hoy ha sido un día realmente raro.
No he parado de hacer cosas,
la primera, evitar un susto.
Después, perezosamente,
como me es familiar,
he hecho un trabajo junto a otros compañeros.
Han comprado litros.
No han podido cometer mayor error. En serio.
No he atendido en toda la tarde.
He pensado en ti y, por ende,
he pensado en todo.
La gracia ha venido cuando han dejado el culo de la cerveza, caliente, sin beber.
Es que es demasiado decir esto, a nadie le gusta eso, a mi tampoco me gustaba.
Y, ahora, cojo y me lo bebo pensando en ti.
En besarte.
En apretarte.
Y, hostia puta... me sabe bien.
Me sabe a sonrisa.
A algo que me debes, a pendiente.
Pero de la oreja.
Es amargo, es rubia, clara... espumosa.
Espumosa porque no deja que se hunda nada. No lo soporta.
Y hace flotar.
Hostia puta.
Ya me aguanto poco.
De qué me sirve esperarte, si no es para matarme.
Para reventarte.
Perdona que me repita, pero es que mi lista de deseos, está para cumplirse.
Decidimos encerrarnos para hacer terapia de algo que no sabemos ni si quiera si tiene remedio.
Encerrados en una habitación, a oscuras, con una tenue luz que, de estar alguien en la puerta mirándonos, solo vería nuestros cuerpos sentados en la cama, frente a frente.
También me pregunto que quién querría ver ese "espectáculo".
Demasiadas miradas y poco que decir.
La consciencia no para.
Impotencia, rabia, armar el brazo y darte una caricia que te estremezca el alma.
Mi perspectiva es la de una cámara a un lado de la cama que lo graba todo. Fascinada y con ganas de ser más "cámara".
Veo dos actores muy dados al melodrama o a la comedia, según con que lente enfoque.
- Se que a veces parezco que estoy ida pe...
- Pero se que no lo estás. Eres consciente de todo lo que pasa a tu alrededor. Hasta estando "borracha" eres así de observadora. De hecho, lo eres más.
- ¿Eso es algo bueno o algo malo?
- ¿Tú que crees?
- Que la bebida no le hace "bien" a nadie.
Sus ojos transmiten mucho más que todo lo que pudieran decir. Se merecen un premio por lo buenos actores que son. Aunque no haya actuación ninguna.
- Somos dueños de nuestro destino.
- Somos, tú lo has dicho.
- Discutir no me gusta. Y mucho menos si es contigo.
- ¿Y qué pretender hacer si no?
Miró a la cama con la mirada más seductora que habíamos visto en nuestras vidas, él y yo, como cámara que era.
- Ven, vamos a vernos bajo la lluvia, con ganas de comernos, pero sin hacerlo por miedo a devorarnos. Esta vez, literalmente.
No era un día redondo.
Era un domingo con esquinas.
La luz se apaga.
Me creía muy capaz.
Mi torpeza, fue letal.
Hasta que, te cogí de la mano, te llevé al baño,
y te dije:
Gracias, por todo.
Nos veremos en este lado maldito de la realidad,
donde la distancia,
no es más
que
mediocridad.
Lunas noches. Demasiado sinceras, la verdad. No me arrepiento de nada, salvo de tenerte lejos.
No he parado de hacer cosas,
la primera, evitar un susto.
Después, perezosamente,
como me es familiar,
he hecho un trabajo junto a otros compañeros.
Han comprado litros.
No han podido cometer mayor error. En serio.
No he atendido en toda la tarde.
He pensado en ti y, por ende,
he pensado en todo.
La gracia ha venido cuando han dejado el culo de la cerveza, caliente, sin beber.
Es que es demasiado decir esto, a nadie le gusta eso, a mi tampoco me gustaba.
Y, ahora, cojo y me lo bebo pensando en ti.
En besarte.
En apretarte.
Y, hostia puta... me sabe bien.
Me sabe a sonrisa.
A algo que me debes, a pendiente.
Pero de la oreja.
Es amargo, es rubia, clara... espumosa.
Espumosa porque no deja que se hunda nada. No lo soporta.
Y hace flotar.
Hostia puta.
Ya me aguanto poco.
De qué me sirve esperarte, si no es para matarme.
Para reventarte.
Perdona que me repita, pero es que mi lista de deseos, está para cumplirse.
Decidimos encerrarnos para hacer terapia de algo que no sabemos ni si quiera si tiene remedio.
Encerrados en una habitación, a oscuras, con una tenue luz que, de estar alguien en la puerta mirándonos, solo vería nuestros cuerpos sentados en la cama, frente a frente.
También me pregunto que quién querría ver ese "espectáculo".
Demasiadas miradas y poco que decir.
La consciencia no para.
Impotencia, rabia, armar el brazo y darte una caricia que te estremezca el alma.
Mi perspectiva es la de una cámara a un lado de la cama que lo graba todo. Fascinada y con ganas de ser más "cámara".
Veo dos actores muy dados al melodrama o a la comedia, según con que lente enfoque.
- Se que a veces parezco que estoy ida pe...
- Pero se que no lo estás. Eres consciente de todo lo que pasa a tu alrededor. Hasta estando "borracha" eres así de observadora. De hecho, lo eres más.
- ¿Eso es algo bueno o algo malo?
- ¿Tú que crees?
- Que la bebida no le hace "bien" a nadie.
Sus ojos transmiten mucho más que todo lo que pudieran decir. Se merecen un premio por lo buenos actores que son. Aunque no haya actuación ninguna.
- Somos dueños de nuestro destino.
- Somos, tú lo has dicho.
- Discutir no me gusta. Y mucho menos si es contigo.
- ¿Y qué pretender hacer si no?
Miró a la cama con la mirada más seductora que habíamos visto en nuestras vidas, él y yo, como cámara que era.
- Ven, vamos a vernos bajo la lluvia, con ganas de comernos, pero sin hacerlo por miedo a devorarnos. Esta vez, literalmente.
No era un día redondo.
Era un domingo con esquinas.
La luz se apaga.
Me creía muy capaz.
Mi torpeza, fue letal.
Hasta que, te cogí de la mano, te llevé al baño,
y te dije:
Gracias, por todo.
Nos veremos en este lado maldito de la realidad,
donde la distancia,
no es más
que
mediocridad.
Lunas noches. Demasiado sinceras, la verdad. No me arrepiento de nada, salvo de tenerte lejos.
lunes, 12 de diciembre de 2016
Curvas "sincericidas".
Pupilas dilatadas.
Miradas que deleitan.
Ojos que delatan.
Me está pasando algo muy raro.
Mis pensamientos no se van al pasado,
que sí, y mucho,
sino que se van al futuro.
Y tengo miedo.
Tengo miedo de que cuando te vea no aguante las ganas de tirarte al suelo,
de tirarte del pelo.
De morderte el cuello.
Tocará reprimirse.
Redimirse.
Partirse.
En un abrazo de cristal, que acabe cerca de la curva más mortal del mundo.
Tu sonrisa.
Y me atrevería a ir más allá.
Nos separaremos, para luego juntarnos.
Estaremos deseando el uno del otro.
Y después, cuando todo parezca en calma...
Se organizará el mayor vendaval que podría imaginarse.
Trae paraguas, que nos vamos a mojar.
Trae la cara, que se pueda devorar.
Trae tus nervios, que los vamos a calmar.
Nos vamos a lanzar
al mayor error
que
podamos
imaginar.
Si acabara aquí, esto sería agridulce, y no estoy dispuesto a eso.
O amargo o dulce, no voy a ir con medias tintas.
Medios sabores.
Medias rotas sería buen título para la noche.
Una pena que no uses.
Una pena que me fuese.
Escrito queda todo lo que hoy se me ha pasado por la cabeza.
Esclavo de mis pensamientos.
Y eso que aún no has traído las cadenas.
Anda, tonta, ven.
Que te voy a quitar la ropa
y todas
las
penas.
Lunas noches. Voy a que mis dedos y mi corazón tengan un rato de tranquilidad.
No me lo creo ni yo.
Curvas de vida.
Puntos de sutura necesitamos todos.
A estas alturas, lo entendemos bien pocos.
¿Imaginas poder controlar lo que se quiere?
Somos lo que queremos, y lo que no queremos nos hace querer más.
Y mejor.
No quiero tenerte. ¿Quién podría poseer algo tan sumamente "genialicioso"?
No quiero no estar a tu lado. Y mírame.
No quiero perderte. Sería demasiado.
Mi corazón tiene agujetas, de la última vez que te vio.
Y ahora, quiere conversación.
¿Me la das, o me la invento?
Viendo que no hay respuesta...
- Titubear es un signo de no estar seguro de lo que se dice.
- ¿Y si tirita?
- Pues...
- ¿Y ponerse a temblar?
- Pero...
- ¿Y si tartamudeo?
- P...
- ¿Y si tarareo?
- ¿Y ponerse tan tonta?
- Tan tonta, que te voy a morder.
- Tan tonto, que estoy de acuerdo con eso.
- Te-Te-Tengo miedo.
- Tú-Tú-Tú eres tont..
Me interrumpió con un beso digno de un monstruo.
El monstruo de las dos espaldas.
Pero esa es otra historia.
El día se hizo noche. El sol, Luna. Y, al no haber Luna, la reemplazaste a las mil maravillas.
Las mareas no van a parar si no estás.
Yo tampoco.
Pero que me duele no verte,
no tocarte,
no besarte.
Y con las ganas que ahora tengo de follarte, podrían alcanzar mucho más que Marte.
Amarte con creces, quererte a veces.
Darte clase.
Matarte en parte.
Re
ven
tarte.
Lunas noches. Creo que sigue la cosa.
A estas alturas, lo entendemos bien pocos.
¿Imaginas poder controlar lo que se quiere?
Somos lo que queremos, y lo que no queremos nos hace querer más.
Y mejor.
No quiero tenerte. ¿Quién podría poseer algo tan sumamente "genialicioso"?
No quiero no estar a tu lado. Y mírame.
No quiero perderte. Sería demasiado.
Mi corazón tiene agujetas, de la última vez que te vio.
Y ahora, quiere conversación.
¿Me la das, o me la invento?
Viendo que no hay respuesta...
- Titubear es un signo de no estar seguro de lo que se dice.
- ¿Y si tirita?
- Pues...
- ¿Y ponerse a temblar?
- Pero...
- ¿Y si tartamudeo?
- P...
- ¿Y si tarareo?
- ¿Y ponerse tan tonta?
- Tan tonta, que te voy a morder.
- Tan tonto, que estoy de acuerdo con eso.
- Te-Te-Tengo miedo.
- Tú-Tú-Tú eres tont..
Me interrumpió con un beso digno de un monstruo.
El monstruo de las dos espaldas.
Pero esa es otra historia.
El día se hizo noche. El sol, Luna. Y, al no haber Luna, la reemplazaste a las mil maravillas.
Las mareas no van a parar si no estás.
Yo tampoco.
Pero que me duele no verte,
no tocarte,
no besarte.
Y con las ganas que ahora tengo de follarte, podrían alcanzar mucho más que Marte.
Amarte con creces, quererte a veces.
Darte clase.
Matarte en parte.
Re
ven
tarte.
Lunas noches. Creo que sigue la cosa.
Curvas suicidas.
"A este ritmo no hay tiempo ni pa´echar de menos. Al infierno, sin luces, sin frenos. ¨
- Trataré de darte lo mejor de mi, y si tengo que morir será acelerando por cada curva de tu cuerpo con la yema de mis dedos.
Y, he de confesar, que el masoquismo que produces es brutal.
- Trataré de darte lo mejor de mi, y si tengo que morir será acelerando por cada curva de tu cuerpo con la yema de mis dedos.
- Tranquilo, en cada curva hay un "quita-miedos", para que no te salgas nunca de mi vida.
Un "quita-miedos"... eso es tu mirada,
tus labios,
tu forma de hablar y cada centímetro de mi piel que se estremece cuando lo tocas.
Cuando me muerdes la lengua.
Cuando me muerdes la lengua.
Y, he de confesar, que el masoquismo que produces es brutal.
De ti, me gustan hasta los miedos.
Te hago enfadar cuando hablamos para producirme miedo. Miedo a perderte.
Porque cada palabra mal formulada es bala, en ese momento, se han cambiado besos por espadas.
Paro, pienso y una pregunta golpea mi lógica. ¿Se puede perder algo que no se tiene?
Me hicieron falta 5 minutos para responderme. El miedo a perderte me hace no querer tenerte.
He pasado la tarde pensando sin saber en qué pensaba.
Dejando el corazón donde tu ya no llegaras.
Procuramos cuidar ese país nuestro pero siempre sale alguna arruga.
Procuramos cuidar ese país nuestro pero siempre sale alguna arruga.
Y lo que nos pasa es
que necesitamos
muchos puntos
de
sutura.
Lunas noches. Aviso que esta no será la única de hoy.
domingo, 11 de diciembre de 2016
Hora de comer.
Me imagino.
En un bar de mala fama, con las paredes medio derrumbadas, con fotos mías medio quemadas y sin ventanas.
Sin ventanas porque están tapiadas. Para serte sincero, no hay cosa que me produzca peor sensación que la de ver algo, una puerta, una ventana, un día, una noche... tapiada.
Y una mesa alumbrada por dos velas que en cualquier momento podrían prenderle fuego a todo.
Menos mal que están tus salvavidas mirándome.
- Bueno, ¿qué cenamos?
Un nudo pasaba por mi lengua, mi cuello, su cuerpo. Mi perdición.
- Pues algo dulce, ¿no?
Y yo sin acordarme de que le gusta lo amargo.
- Mira, sí, me apetece algo de chocolate. Y nata.
Saco mis dotes de cocinero y le hago el traje de chocolate y nata más apetecible del mundo.
Se mira a sí misma y, yo, estúpido y torpe como siempre, no caigo en la cuenta de que era ella la que quería comer, y no ser comida. Tampoco puso queja en aquél festín.
- ¿Pedimos la cuenta?
- Venga, una copa y nos vamos.
- No me puedo aguantar a eso, no he cenado aún.
Me pierden las maneras y lo que no se ve. Bailando lenta y apretando mi corazón con sus piernas. Me deshago en un escalofrío. Tras su ojo, llega el otro. Tras un polvo, otro más largo.
Factura a pagar desde el día de hoy.
Perdona mi vulgaridad, pero aquí sigo, lamiendo y relamiendo tus besos.
Intentando hacer reforma desde aquel incendio.
Música de algún cantautor venido a menos, una copa de vino, caliente, y el vino también, con un gato y sin tus veranos largos.
Ya voy borracho. Me dejo ya los labios.
Eso lo digo siempre.
Espero a que llegues del trabajo, preocupado, sin pensar en lo que el viento me trajo.
Si quieres nos quitamos la ropa y leemos algo.
Que la luna se me llene de tus besos. Y si se acaba, que se acabe. Te quiero más a ti que a ella.
Eso no lo digo nunca.
Espero no tener que darle explicaciones al oído.
Y que nos limpiemos antes de salir corriendo,
ya que el agua
está
hirviendo.
Lunas noches.
jueves, 8 de diciembre de 2016
Abrazos de cristal.
En todas tus partes hace frío.
Y ahí estaba yo, con toda la ropa que podía ponerme, pasando frío.
Tus ojos transmitían frío.
Tu alma.
Tu querer.
A excepción de tus brazos.
Ahí, moría mi corazón del calor que desprendías.
Un apena que no se viva de abrazos,
aunque una alegría es
poder morir entre ellos.
Lunas noches.
Y ahí estaba yo, con toda la ropa que podía ponerme, pasando frío.
Tus ojos transmitían frío.
Tu alma.
Tu querer.
A excepción de tus brazos.
Ahí, moría mi corazón del calor que desprendías.
Un apena que no se viva de abrazos,
aunque una alegría es
poder morir entre ellos.
Lunas noches.
martes, 6 de diciembre de 2016
Reino íntimo, ínfimo.
"He vivido tantas cosas emocionantes en sitios tan diferentes que a veces no sé exactamente dónde está mi hogar."
Día raro, escribiendo con luz no sé cómo me veré.
Seguro que, si viene de algo tan precioso, sale bien.
Trato de no pensar,
de no esperar,
de no sangrar.
Traté con dulzura tu clavícula y ahora me pasa factura.
Hablando de tratar, te ofrezco un trato: mi reino por tus pensamientos.
Una pena que no tenga reino.
Una alegría no saber lo que se te pasa por ahí.
Me convertí en caballero para preguntarme:
- ¿Es mi esposa o mi reina?
Las dos cosas.
Me dije mientras le besaba el cuello.
Trataré que acostumbrarme a desacostumbrarme.
A que llegues siempre tarde.
A que te enredes en mis sábanas, con una sudadera ancha, más bonita que la misma luna.
Hablo de ti.
La ropa poco importa.
Y me fui.
Para no volver a irme.
Para quedarme en tu reino durante bastante tiempo.
Lo único que espero, es que no haya guerras.
Que no haya reinas.
Ya que este caballero solo sirve a una.
Y que no me quede con las ganas.
Que te voy a echar de menos,
porque
de más
no
puedo.
L.
Día raro, escribiendo con luz no sé cómo me veré.
Seguro que, si viene de algo tan precioso, sale bien.
Trato de no pensar,
de no esperar,
de no sangrar.
Traté con dulzura tu clavícula y ahora me pasa factura.
Hablando de tratar, te ofrezco un trato: mi reino por tus pensamientos.
Una pena que no tenga reino.
Una alegría no saber lo que se te pasa por ahí.
Me convertí en caballero para preguntarme:
- ¿Es mi esposa o mi reina?
Las dos cosas.
Me dije mientras le besaba el cuello.
Trataré que acostumbrarme a desacostumbrarme.
A que llegues siempre tarde.
A que te enredes en mis sábanas, con una sudadera ancha, más bonita que la misma luna.
Hablo de ti.
La ropa poco importa.
Y me fui.
Para no volver a irme.
Para quedarme en tu reino durante bastante tiempo.
Lo único que espero, es que no haya guerras.
Que no haya reinas.
Ya que este caballero solo sirve a una.
Y que no me quede con las ganas.
Que te voy a echar de menos,
porque
de más
no
puedo.
L.
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