Última frase que escuchamos en aquel cuchitril, que es mi habitación.
No tenemos ganas de irnos,
tenemos ganas de mimos,
de comernos,
de matarnos.
Te acaricio la espalda como si fuera lo último que fuera a tocar en mi vida.
Razón no me falta.
Tu espalda es lo más bonito y puro que he visto en mi vida.
Y escribo esto
imaginándola.
Cuando la vea,
bastará una ráfaga de viento para tumbarme,
para tragarme esa trola.
Para que nunca esté sola.
Te pareces mucho a un conejo.
Tienes unos oídos increíbles,
un pelo "abrigable",
unos ojos envidiables.
Quiero morderte cada día que mis ojos se abran,
quiero comerte cada día que mi lengua baile,
quiero ver como tus ojos se apartan,
quiero leerte todo el cuerpo en braille.
Mis pies, ahora, tocan el suelo.
Tus mofletes, cuando los muerdo,
hacen mella hasta el punto
que me muero.
Me arañaste la cara para que me diera cuenta de que te ibas.
De que no ibas a volver en mucho tiempo.
De que lo nuestro era sincero.
Y, como de costumbre,
aquí me hallo.
Preguntándome qué remedio tengo.
Cuando, de repente,
veo que esto
tiene color.
y se torna
muy,
pero que muy,
negro.
Y es ahí cuando me doy cuenta
de que
casi
te
hiero.
Lunas noches.
Penúltima entrada del año. Bienvenida seas.

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