domingo, 25 de diciembre de 2016

Luces comestibles.

"Y tengo miedo de encontrarte y no aguantar las ganas de tirarte al suelo."

Justo cuando estábamos en mi cuarto,
medio desnudos por dentro,
medio vestidos por fuera,
suena esta frase.

Y nos derretimos.

Nos derretimos de la calor que sale del pecho,
para bebernos.

Para matarnos.

Empezamos a quitarnos la ropa el uno al otro,
queremos ir lentos,
me pegas con el codo.

Me pegas, y es para que espabile,
para que te mire a los ojos.

Para que me coma un vacile.

Y no es lo único que me comí.

¿Sabes?... Me he imaginado infinidad de veces cómo te ves desnuda.
Debajo de esa ropa eres París.
¿La has visitado alguna vez?

Es preciosa.

Vuelvo, que divago.

Te queda una camiseta para estar más guapa aún.
Noto algo raro.
Bultos.

Eran inseguridades,
defectos perfectos,
luces.

Cojo todos y cada uno de esos bultos y
me los trago.
Me plantas en mi cuello un pronombre posesivo.
Y revivo.

Te tiro del pelo, muerdo, y muero.

Te desvaneces como el humo de un cigarro.
Y Granada

se hace

barro.









Lunas noches.

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