Y ahí estaba yo, donando sangre en la universidad, cuando me escribe mi santa madre:
- Ya ha roto aguas.
- Puf, para el domingo tengo que estar en Granada, tengo una audición importante.
No pude ser más ignorante.
Lo verdaderamente importante era lo que estaba pasando en aquel hospital.
Menos mal que tardé poco en darme cuenta.
Llego al día siguiente, después de una mañana de agobios.
-Aún nada.- Me dicen mis padres.
Mientras, conversaciones de gente que todo ha salido bien, regular y... fatal.
Minutos después, sale mi hermano.
- Hay que esperar a ver qué pasa, posiblemente sea cesárea.
En ese momento no podéis haceros idea de lo que se me pasaba por la cabeza.
Cómo podía venir, si iba a sobrevivir, si todo saldría bien...
Soy un egoísta.
Imaginad lo que se le pasaba por la cabeza a mi hermano.
Dios.
Al fin, a las 19:23 de la tarde del 4 de noviembre de 2016, sale una enfermera con mi pequeña gran revolución.
Jorge Antonio Lara Gómez.
Qué preciosidad. Qué ojos. Qué querer.
Mandan al bebé a una habitación con mi hermano, por aquello de "piel con piel".
Es lo más maravilloso que he visto en mi vida.
Mi hermano, con el pecho descubierto, dando calor a su hijo.
De verdad, qué "genialicioso".
Espero que este mundo que se te presenta te deje ser como quieras ser. Aquí estuvo, está y estará tu tío para cualquier cosa.
Te quiero, Jorge.
Te quiero por encima de todo.

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