Un ring nos espera.
Primero, sacamos nuestras manos.
Ganan las mías, siempre encima.
Pierden las tuyas, siempre frías.
Siguen nuestras lenguas,
toma ventaja la tuya, que consigue darle la vuelta a mis ojos.
Se repone la mía, con ayuda de las manos, que estiran tu pelo hacia atrás.
Vuelvo a ganar.
O eso creo.
Subimos al ring, nos lían las sábanas.
Acaban por el suelo.
Y, ocurre.
Eres la primera en estremecerse y en perder.
Perderse.
La petite mort la llaman.
Río.
Me he perdido.
He vencido.
Pero no solo a ti.
También a tus demonios.
Los he hecho míos.
Quieres revancha.
Yo dormir.
Te parece injusto.
Pues, ¿sabes qué?
Aún no
me has hecho
feliz.
Lunas noches.

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