Después de 8 horas en la fábrica, llegué rendido a casa.
Estaba oscura, como siempre.
Demasiado tarde para que ella esté despierta.
Demasiado tarde para llegar a un hogar.
Pero claro, lo primordial es mantenerse.
Nos enseñan a conformarnos con vivir.
Nada de volver a casa con tiempo de querer a tu familia.
Nada, eso son lujos.
Al entrar al salón, un escalofrío recorrió la casa.
Y mi cuerpo.
De arriba a abajo.
Caminé hacia la cocina.
Allí estaba, en la mesa.
Una nota
Decía.
Porque ahora mi alma calla.
Decía.
Aquella nota:
"Me voy para encontrar aquello que nunca te dije."
Lo que no sabía era,
que lo que nunca me dijo,
era que se quería ir.
Que se quería ir lejos, donde nadie la viera.
Incluyéndome
a
mí.
Lunas noches.
No hay comentarios:
Publicar un comentario