Estaba tan tranquilo, oteando el paisaje, cara a la Alhambra y a Granada, cuando se acercó.
- Perdona, ¿tienes hora?
Tenía ganas de besarle.
- Sí, las siete.
- ¡Gracias!
Aquello que sentí no hacía gracia.
La cosa se puso seria.
Ahora que le pienso más y me lo pienso menos, habría hecho que hablara en aquel momento.
Lo hice.
Mientras aún había algo de luz sobre mis hombros.
- ¡Espera!
Se volvió con cara de saber que iba a hablarle.
- Dime.- Dijo con un sonrisa de oreja a oreja.
- Nada.
- ...¿Nada? ¿Cómo que nada?
- Sí. Nada. Solo quería verte de nuevo antes de no volver a verte jamás.
- Pero... ¿y eso?
- Pues no voy a volver a verte jamás porque no pienso dejar de mirarte.
Algo se quemó en aquel momento dentro de su pecho.
Comprendí que eso debería habérselo dicho alguien a esas alturas.
Pero no.
Solté a la bestia.
Saltó del muro y emprendió todos mis vuelos.
Se soltó su venda
para poder ver
todos
y cada uno
de
sus
deseos.
Lunas noches.

No hay comentarios:
Publicar un comentario