Se propuso practicar cirugía con ella.
Empezó por la clavícula,
siguió con el corazón.
Para qué lo quería.
Prosiguió con su antebrazo,
hasta la muñeca.
Se fijó en que no tenía lunares,
sino pecas.
Y sin anestesia, ya tardó en darse cuenta.
Se lo estaba haciendo a él mismo.
Ella, perpleja, le preguntó si estaba bien.
Él, desangrado, le dijo que le diera un papel.
Escribió su epitafio, y murió.
Llorando, se dispuso a leerlo.
En el ponía:
"Quería partirte en cachos,
cuando lo único que necesitaba era masticarlo.
Quería quererte a ratos,
cuando no paraba de practicarlo.
Quería que no tuvieras prisa,
y acabe sin darte la mejor parte
de
mi
vida."
Rompió el papel y se fue lejos.
Se enamoró de nuevo.
Ya no necesitó la operación.
Nunca más volvería
a ser canción.
Y así siguió sin solución a su caso.
Pero siempre
necesitada
de un
buen
abrazo.
Lunas noches.

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