Si a los buenos momentos se le hiciera algo tan sumamente horrible como enjaularlos, lo suyo sería un gif.
Nada de un vídeo,
nada de un recuerdo reversible el cuál puedas volver a vivir una y otra y otra vez.
Eso sí que sería realmente horrible.
No avanzaríamos.
Y un gif permite exactamente eso.
Disfrutar en bucle de un momento ya pasado, con la ventaja de no enganchar.
Al menos, no mucho.
Esto viene a cuento de los que me manda.
Estoy seguro de que esto lo sabe, lo hace a posta, pero bueno.
Creo que sigue un patrón.
Seguro que conscientemente, pero si es de manera inconsciente...
Sería más maravilloso aún.
Juega con el adorno que decida ponerle, empieza con el azúcar.
Después cierra los ojos.
A ver si así se acuerda del resto de la receta.
No le hace falta mucho para seguir cocinando.
Lleva sus ojos a otro punto.
El mío, al de ebullición.
Saca la lengua lo justo para que no amargue.
Finalmente, guiña un ojo a modo de guinda.
De toque final.
Bueno, he de decir que, sintiéndolo mucho,
me quedo siempre con hambre,
que no basta con endulzarte,
que por más que lo piense,
me gustas tanto
porque eres
puro
arte.
Lunas noches.

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