lunes, 15 de diciembre de 2014

El octavo arte.

Que se le tema más a las princesas que a dragones.
Que se le tema más a un pijo con poder que a un satánico.
Que la iglesia tenga voto de pobreza.
Que un hombre lobo se asuste de la luna llena.
Que a una feminazi le guste que la traten mal en la cama.
Que reconozcas que ya casi ni te conoces.
Que tengas frío y no calientes ni tu lengua ni tus labios.
Que tenga ganas de llorar y no lo haga.
Que tenga ganas de morirme y no lo haga.
Porque sino, querida mía... quién se va a acordar tanto de ti como lo hago yo.
Acordarme de mi abuela ahora.
Vaya putada esta semana que empieza.
Que todo sea esto.
Que todo sea nada.
Que nada y nada en un mar de lágrimas.
Que me siga acordando de gente que echo de menos.
Que me entren ganas de estrujarlos. A todos y cada uno.
Que a cada tecla de mi telcado que pulse se me nuble la sed que tengo.
Que bebo demasiado.
Que tenga ganas de vivir. Porque de morir ya lo voy haciendo.
Que mis sábanas están frías y duelen.
Que me dejes a medias antes de llegar.
Que no te quiero.
No, qué va.


martes, 25 de noviembre de 2014

Te odio mucho.

Otra vez, me dejas Granada para mi.
Ha sido una mañana rara. He dormido hasta las 11, 11 tus lunares.
Tengo aún el sabor de todos tus besos de fin de semana, y no se van ni con pasta de dientes.
He soñado contigo y al despertar no estabas a mi lado para abrir los ojos al notar que te miraba.
Ni haciendome sonreir sin ser siquiera consciente de que estás aquí.
Quiero verte. Sí, otra vez. Una y otra vez, para ser sincero.
Abrazarte.
Perderme.
Perdernos.
Ojalá todos los días de mi vida. Aunque tú me quieras besar, y yo quiera morderte.
Malditos hoyuelos tuyos.
Malditas paletas de conejo. De liebre. De libre. De libro.
Maldito pelo largo como una noche sin ti.
Malditos ojos tan grandes como lunas, joder, que te necesito, a quién voy a engañar.
A nadie. No quiero. No debo. No bebo.
No quiero no estar a tu lado.
Me voy ya, a buscar castañas. Nada que ver con perderme un rato para no pensar tanto en ti.
Entiendeme.
Me duele la piel de echarte de menos. Y solo han sido horas sin ti.
Te quiero mucho.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Declaración de horror.

Noche oscura. Tan oscura que solo la luz del monitor alumbra.
Noche como hace mucho tiempo, sin gafas, con ganas y solo.
Tres factores que, por suerte, sí que alteran el producto.
Son las 3:37 de la mañana y se me caen los párpados.
No pienso agacharme a recogerlos.
Abriendome la cabeza, arrestando todo impedimento, permitiendome usar todos los sentimientos en mi contra.
Mis ojos. Ojos claros, ojos grandes, ojos chicos, ojos negros.
Espero que cualquier día no revienten, porque no estarás para verlo.
Voy a decorar este silencio.
Se ha vestido demasiado serio. Negro.
¿No te asusta que no pueda soportarlo?
-le dijo el rascacielos al viento.
Ya está todo dicho, pero seguimos sin entenderlo.
Que te echo de menos, coño.
Que te echo de menos.
Y el miedo de no poder soltarte la proxima vez que te vea, es lo que más temo.
Buenas. Noches.

jueves, 17 de julio de 2014

Tengo deudas.

Con una sonrisa de mi talla, ¿quién me la va a dar?
Con un pelo largo, ¿quién me lo va a restregar?
Con unas pecas, ¿quién me las va a enseñar?
Con un estanque.
Cojo aire, todo el aire que puedo, sin poder sentirme gilipollas con un ramo.
Cuando vuelvo del fondo, todos estaban ahogados. No pudieron respirar, mi culpa era.
Guapa llevame, llevame a donde quieras, porque los amores no tienen fronteras.

Tormenta de verano.

Bueno, va siendo hora de madurar.
De ver que no todo lo oscuro es oscuro, ni que todo lo claro, es claro.
De que todos los besos que me das, ahora son llagas.
Paga, las promesas no se olvidan. Aunque las más piadosas seguirán siendo mentira.
Ya no hay nadie a estas horas y no hay nadie ahora.
¿Mis problemas? Los de siempre.
Los cojo y los llevo al suelo.
Que quiero volverme loco y lo demás es lo de menos.

lunes, 7 de julio de 2014

Dos lunas.

Una Luna duplicada que me estremece cada poro de mi piel.
Piel esclava.
Clavandose en esas Lunas.
Mi Luna.

sábado, 5 de julio de 2014

Diario de una Volátil. || VOL. IV

Y la noche tiene un gran defecto, puede prometer la misma luna pero que luego cumpla sus promesas...
Esa mirada oscura se apagó.
O se sumergió.
Se había enamorado de un pez y no se había percatado hasta que le faltó el aire.
La noche es puta.
La resaca del día siguiente es un trozo de lo que se merecían.
Su mayor deseo era desaparecer como un gato burlón y borrar las partes de su cuerpo que no quería utilizar o simplemente soportar.
La mala noticia, que esa habilidad llevaba tiempo.
La buena, porque curiosamente, con algo malo, viene algo bueno, que llegaste tú.
Llegó el aire.
Llegó la calma.
Pero esta se dejó para luego, ahora es tiempo de tornados y tempestades que se curan a base de mordiscos y arañazos.
Que se apaguen las luces.
Que se apague el mundo.
Que se apague la Luna.
Pero no tu sonrisa.
No voy a dejar que eso pase, y el remedio es sonreír cuando tú no puedas hacerlo y acercartela lo máximo que se pueda, para ver si se le pega algo.