martes, 25 de noviembre de 2014

Te odio mucho.

Otra vez, me dejas Granada para mi.
Ha sido una mañana rara. He dormido hasta las 11, 11 tus lunares.
Tengo aún el sabor de todos tus besos de fin de semana, y no se van ni con pasta de dientes.
He soñado contigo y al despertar no estabas a mi lado para abrir los ojos al notar que te miraba.
Ni haciendome sonreir sin ser siquiera consciente de que estás aquí.
Quiero verte. Sí, otra vez. Una y otra vez, para ser sincero.
Abrazarte.
Perderme.
Perdernos.
Ojalá todos los días de mi vida. Aunque tú me quieras besar, y yo quiera morderte.
Malditos hoyuelos tuyos.
Malditas paletas de conejo. De liebre. De libre. De libro.
Maldito pelo largo como una noche sin ti.
Malditos ojos tan grandes como lunas, joder, que te necesito, a quién voy a engañar.
A nadie. No quiero. No debo. No bebo.
No quiero no estar a tu lado.
Me voy ya, a buscar castañas. Nada que ver con perderme un rato para no pensar tanto en ti.
Entiendeme.
Me duele la piel de echarte de menos. Y solo han sido horas sin ti.
Te quiero mucho.

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