miércoles, 11 de diciembre de 2019

Agregar.

Últimamente he agregado muchas cosas.
Número de teléfono nuevos, gente en insta y twitter.
Sticker que no son míos, sticker que sí lo son.
Filtros para parecer más alegre.
Y más triste.


He agregado horas sin dormir, horas sin verte.
Heridas que sangran,
puñaladas en el vientre.

He agregado y no he borrado.

Espero no hacerlo.
No al menos ahora, que estoy "contento".

jueves, 19 de septiembre de 2019

Cuernos.

Acabo de volver hacia atrás. Unos 8 años, para ser exactos.
He vuelto al instituto. He vuelto a estudiar algo que... me gusta(?)

Aún no lo sé.

Vuelvo con otro cuerpo, otra cabeza.
Lo veo todo más claro. Hay gente trabajando,
no jodiendo.

Hay niños rotos, niñas celosas.
Porterías vacías, profesores sin potra.

Nada es como antes. Yo soy el que más ha cambiado.
Toca partirse los cuernos.
Toca levantarse a darlo todo o nada.
No hacer el tonto.
No perder eso que vale tanto.

Tiempo.

Llevo dos relojes, cada uno en una muñeca, a modo de grilletes.
Me he convertido en esclavo.

Ahora que lo pienso, estoy empezando más de una cosa.
Todo con la misma predisposición.

Dejo a un lado el dolor, por fin.
También los colores
ya que, mis grises,
han pillado



tu color.

















Lunas noches.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Hazme el favor. ┼ ┼ Insomnio PT1. ┼ ┼

Hazme el favor de liquidarme.

Destrúyeme a abrazos, de esos que dejan huella.
Mátame a besos, no a mentiras.
Inúndame a caricias, no a ilusiones.
Destrózame a mordiscos, por favor.

Te suspiro,
te pienso,
te susurro,
te confieso,
te gimo, (sobre todo esto),
te cuento,
te sueño,
te vivo,
te siento,
me muero.

Eso sí, tienes una cosa mala.
Una cosa que me molesta, y no poco.
No he compartido ninguna madrugada (entera) contigo, así que,

hazme el favor.














Lunas noches.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Lamerse.

Perder no debe ser motivo de vergüenza.
Uno se cae, se lame las heridas, y
para arriba.

No hay de otra.


Perdemos contra otra gente, contra nosotros mismos, contra el propio destino.
¿Quizás me he expresado mal?
No perdemos contra algo o alguien. Perdemos, si es verdaderamente algo importante, con ese algo o alguien.
No perdemos solos, por mucho que nos empeñemos en pensarlo.

Hay que meter los pensamientos de odio en un cajón con llave y tirarla donde jamás se encuentre.
Eso sí, no olvidemos cerrar ese cajón antes de que la esperanza sea lo único que nos quede.

Metería en una bola de nieve los malditos recuerdos.
Para agitarla a ratos.
Para romperla si quiero.

Metería mis complejos en frascos pequeños y te los daría
para que los quisieras o los abandonaras.
Ponlos en esa estantería tan fea que tienes en tu cuarto. Todo feo. Todo bien.


Cuando acabara de curarme, te lamería cada rincón hasta que dijeras "PARA".
Qué ganas de morderte la sonrisa, de partirte el alma.
Ojalá perderme entre tus piernas
y que nunca
me


encontraras.


















Lunas noches.

jueves, 29 de agosto de 2019

Nunca dejarás de ser una niña.

La niña de los ojos de otra galaxia,
la que desespera por un poco de esperanza,
esa que sueña con dejar de soñar
y que se ilusiona con una gota de rocío.
La niña que se muerde las uñas
porque se le agota la paciencia,
que la vida lleva demasiado tiempo
haciéndole promesas que dice que cumplirá mañana.
La que sabe que la curiosidad mató al gato,
pero también sabe que murió sabiendo.
La niña del regaliz de fresa,
y es que, no deja de ser eso, una niña
que no sabe cuándo callarse
y no sabe cuándo declarar la paz,
que tiene la lengua muy larga y la falda muy corta,
que lleva una espada envainada en cada costilla,
que es presa del miedo y cada día le suplica
que no la deje sola, que ya solo le queda él.
La niña de las cartas, las margaritas y el olor a lluvia,
que todavía cree en la magia,
aún habiéndose quedado sin su polvo de hada,
que todavía cree en el amor
aunque hace tiempo que parece
que solo sirve para vomitar poesía.
La niña de los libros,
porque vislumbra que aún no ha encontrado su mundo,
que tiene que estar perdido entre la literatura barata.
La que lucha por la revolución
y la que se cae cuatro veces por día
pero se levanta cinco.
La que ha firmado una amnistía con las noches,
porque sabe que sus monstruos se asoman a las 12
para ver las estrellas que ella dejó de sentir en su interior.
La niña de las sonatas, los violines y el ballet,
que tiene la memoria manchada de sueños que se creen recuerdos,
y que ya no entiende,
qué es verdad

y


qué no.













Lunas noches.

martes, 27 de agosto de 2019

Sorpresa.

Después de sanar cicatrices, vienen los ibuprofenos.
No queremos infecciones ni dolores, queremos.
A secas. Mojándonos los labios con lo primero que tenemos a mano.

Ojalá y sea tu culo.

Bajo con mis peores galas.
Me entero, después, que así es como te gusto.

Niña, yo no sé por qué te quitas, si sabes que me tienes de rodillas.
Tú solo quieres perderte y yo sé que si voy corriendo, tú,
me pillas.

Se coge el coche para ir por gasolina.
El amor estaba lleno. Las ojeras, vacías.

Tiro colchón al suelo para acabar durmiendo solo.
Trato de rasparte las costillas con algún chiste subido de tono.
Me miras raro, te apartas.

No me vienes a ver sin avisarlo,
vas a ver qué te tira.

Me dijiste que ninguno tiene el mando,
pero,
sorpresa,

es mentira.


















Lunas noches.

miércoles, 21 de agosto de 2019

¿Cuándo reina el gris?

Dos hermanos, peleados por un trono.
Uno lo quería para hacer la guerra.
El otro, para hacer el amor.

Ambos con la enemiga.

Yo, consejero, (bastante irónico), les digo:
"Podríamos llegar a un acuerdo. Una corregencia haría de este reino algo grande".

"¿Entre quién? Dos hombres no pueden reinar, ni aunque fueran hermanos."- Dijo el de la guerra.

"Bueno, la mujer de su hermano seguro y estaría dispuesta a reinar junto a usted, mi señor".- Dije sin estar muy seguro.
Miro al del amor. Su cara me tranquiliza pero me preocupa.

Triste, pero sonriendo.
Esa expresión quedaría en mi cabeza hasta que se desprendiera de mis hombros por alguna hoja justiciera.

"¡De acuerdo!".- Exclamó el de la guerra- "Habrá corregencia, pero también habrá guerra y amor con nuestra enemiga".

"En eso consiste quererse...".- Pensé para mí.

Roto, pero sonriendo. Ese era mi estado después del pacto.





A los años, tuve un hijo, que, con todas mis ganas, tutoricé para que fuera mejor consejero de lo que yo hubiera podido soñar haber sido.

"Quiéranse, simplemente".- Fueron las primeras y últimas palabras de mi hijo como nuevo consejero.

No debió hablarle así al amor. Ni a la guerra.
No es tan fácil.
De hecho,

es tan


tan




complicado.
















Lunas noches.