jueves, 6 de junio de 2019

Oxidado.

Con todos los obstáculos que se pusieron ese día en mi camino,
yo me fui a tropezar con tu mirada.

Silencio.
Se cierra el telón.

(Y te fui a encontrar,
como siempre,
entre bambalinas)

Te voy a confesar una cosa:
aquello fue mi corazón alzando el vuelo
(creo que todavía no ha vuelto)

Si alguna corriente en el océano
te acaba arrastrando a mi mar
y terminas en este rincón apartado
del todo y de la nada,
tan sólo quiero que sepas una cosa:
ojalá estés bien,
porque nada deseo más
guerrera de la armadura



oxidada.

















Lunas noches.

viernes, 31 de mayo de 2019

Doble nacionalidad, por favor.

Me dispongo a recorrer esa frontera de lo que llamamos "dentro".
También conocida como piel.

Últimamente, ando bajo la jurisdicción de tus latidos,
de tus miradas.
De cómo pasas todo lo malo,
a ser absolutamente nada.

Vivimos, respiramos y sentimos envueltos siempre y a todas horas por ese abrigo de poro y vello.

Hace también de aduana para las cosas que realmente valen la pena.
Pocas son las cosas que la pasan, que evitan los controles.

Un beso, un buen beso, jamás se queda en la superficie.
Una buena epidermis le sellará visado indefinido.
Las primeras caricias obtienen también la ciudadanía inmediata.

No pasa con los te quiero, los te adoro, los te necesito, que necesitan renovar su pasaporte con una frecuencia máxima de 24 horas.

La vigencia de las heridas dependerá en lo que tarden en convertirse en cicatriz.
Cicatrices que se sanan cuando lloras.

Hablando de agua, también es bueno que la piel sea un tanto impermeable.
Que consiga que ciertas cosas, directamente, le resbalen.

La gente tóxica, por ejemplo, o los insultos gratuitos y los que no lo sean.
También debe resbalarte el cómo te veas por fuera, y calarte bastante el cómo estés por dentro.


Y, ¿cómo se hace?

Pues cada cual tendrá su manera.
Yo hace tiempo que dejé de escuchar a quien no me quiere bien.
Sobre todo a mí mismo.

Claro que, para eso, es imprescindible dejar de querer gustarle a todo el mundo.

De cualquier modo, el problema viene cuando dejamos pasar a quien no debe y no dejamos entrar a quien sí tendría que hacerlo.

Básicamente, porque jamás podemos prever el alcance del desperfecto y porque luego cuesta mucho más de sacar.

Tener piel fina para los que no lo merecen y gruesa para quien nos debería traspasar.

Nada de todo esto tendría ningún sentido si la piel fuese inodora. Si cada piel no tuviese su propio aroma, que más que perfume se trata de su manera de comunicarse, de su manera de hablar.

Dicen que es el idioma de las feromonas.

Yo prefiero pensar que es el idioma de los amantes, porque es el que sólo se practica a la distancia en la que ya no hace falta hablar.

Lo ves, vuelvo a pensarte y se me erizan hasta las patillas de las gafas.
Mi sangre se cree pato y se pone a migrar rumbo al sur.

Y por supuesto, de pronto, la ropa deja de tocarme.

Me llama la atención que, cuando se eriza la piel, se le llame "piel de gallina".
Con lo valientes que debemos ser para sentirlo.

Aquí me despido, con el pensamiento de que
todo lo que se nos pase por cada rincón de nuestra cabeza y nuestro corazón,
deberíamos

per
mi
tir
lo.




R.M.



Merecer.

Te descubrí de casualidad.

No esperaba a nadie. No quería a nadie. Me habían vaciado como a una canción que se repite una y otra y otra vez.

Curioso que el mundo sea tan pequeño y no coincidiera contigo antes.
Difícil amarte más.

Ese es el problema. ¿Y si no te quiero más? ¿Y si todo empieza a arder?
El caso es que me miras con indiferencia. Necesito que me dejes claro que te importo.
Que me tienes en cuenta.

Que me quieres.



Las letras se me aturullan en la garganta.
Imagina si se convirtieran en palabras.

 Nunca he llorado delante tuya.








Falta poco.























 Lunas noches,

sábado, 25 de mayo de 2019

Eres bosque.

Tú vuelves a las mareas
Yo, a mis bosques...

Esto es lo que nos pasa siempre. Tiramos de la cuerda hasta que cede y se rompe.
Gritamos hasta que los cristales se quiebran para luego quejarnos de que las corrientes heladas nos congelan los huesos.
Yo te mareo tanto que al final emprendes el vuelo.
Tú me quemas a un nivel del que sólo soy consciente cuando todo está ya en llamas.

Quizá tu lugar sea cualquiera menos el que se encuentre en mi órbita.

Quizá los búhos sepan comprenderte mejor que yo.
Sólo sé que cuando vienes, ardo, y, cuando te marchas, me muero de frío.

No sé por qué me preguntaste aquel día si había escrito sobre ti alguna vez.
Supongo que no te imaginas que eres tú quien me pone los tarros de tinta encima de la mesa.

O tal vez sean los cuervos.

Quizá sea tu pelo que me grita: "tira de mi
hasta que salten

mis

huesos".







  


Lunas noches.




viernes, 26 de octubre de 2018

Disfraz.

Zahara fue un gran descubrimiento.

Todo empezó con tu recomendación. Bastante escéptico, la escucho.
Te escucho.

Cuando nos recomiendan una canción, nos hablan.
Nos tratan como vacas.

Me explico.



Cuando a una vaca o a un toro lo meten en un pasillo, tiende a seguir hasta el final.
La música hace lo mismo con nosotros.
Nos lleva por donde sentimos, nos hace creer que hay una salida.
Una respuesta.

Qué va. La música es la pregunta.

¿Qué sientes?

¿Qué sientes cuando me ves? ¿Qué sientes cuando la yema de mis dedos te roza la piel y se te pasa por la cabeza algo demasiado profundo?

Tengo un problema.
Cada vez que huelo a esa persona, quiero que sea el olor de cada mañana del resto de mi vida.

Qué risa, que, sin prisa, me diga

"yo te sigo,






tira."










Lunas noches.

Mis instintos.

Pensando té, tomando té, guardando té, perdiendo té.
Se me ha olvidado recordar. Se me ha olvidado respirar. Se me ha olvidado olvidar.
El principal error que he cometido a lo largo de mi vida es querer congelar los mejores momentos por si algún día se me gastan. Sin vivir el día a día, sin apreciarlo y sin quererlo.
Me duele la nariz de no olerte, los labios de no rozarte en la cara y los ojos de no verte.
No me engaño. Ya no.
Era lo mejor, está claro. Tenemos otra realidad entre manos. Otros mundos. Otros pensamientos.
Y vengo a decir que lo siento. Siento no estar cuando lo necesites. Siento no poder partirme en un abrazo.
Fondo negro. Una mesa. Dos sillas. Un foco. Todo listo.

- ...

- ...

No hay nada que decir. Lo sabemos de la misma forma que lo omitimos.











Lunas noches.

lunes, 30 de julio de 2018

Celos.

Enfermedad.

Sentimiento a evitar.

Algo que no es sano.

Una bala en el pecho.

Tu mirada.


Me muero cada día un poco
y
la verdad




bastante a gusto.











Lunas noches.