Retomo esta serie por cuestiones de saneamiento sentimental.
Ser la sonrisa de la otra persona no es la solución.
Uno no está por ser parte de algo.
Uno debe ser algo.
Nos comemos esas medias naranjas de las que dicen que debemos pertenecer.
Nos queremos enteros.
En los malos momentos,
en los buenos recuerdos.
Ya no quedan vacas flacas a las que alimentar.
Se han muerto.
Pero eso es abono para lo nuevo.
Hay ganas de quererse, morder y, por qué no, irse.
Un buen sitio para vivir sería la luna.
No te faltaría luz, y seguramente no habrá nadie que te moleste, pero...
¿y si te molestas
tú?

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