martes, 30 de junio de 2015

El calor es lo que tiene.

Después de este abandono, tan miserable por cierto, quiero volver a escribir con cierta asiduidad. Cierto es que me leo yo y me lees tú. Y ya.
Para qué más, Sid.
Y bueno, he tenido las ganas atrapadas y la espalda muy marcada, así que, aquí va.

Inés Tabilidad era una mujer muy sencilla. Como todas.
 Me tenía loco. Qué digo tenía, tiene.
Tiene unos ojos, unas piernas, un pelo. Estoy enamorado, ya es tarde.
Una vez me dijo:
- Ráscame.
No llegué a rascarle el alma, una pena.
- ¿Qué vamos a hacer?
- ¿Qué vamos a hacer de qué?
- Pues con todo esto, nos hemos quedado sin dinero, sin trabajo... venir aquí no fue buena idea.
- Hubiera sido mejor quedarse en aquella ratonera, ¿verdad?, ¿Cambiarías todo lo vivido aquí?
- Pues... si. Estoy harta de ti, la verdad.
Esa bomba retumbó por todo U.S.A.
Una lástima que no fueran los árabes de nuevo.
- ... ¿Qué has dicho?
- Lo que oyes... ya no te quiero.

Y aquí sigo, recordando cómo te acariciaba el pelo mientras que tus ojos eran bengalas.
Y que me rascaras la espalda queriendo sacar mis alas.
Y ahora no me puedo alegrar más.
Tengo dos relojes, uno en cada muñeca para acordarme de mis grilletes, de la hora en la que decidiste no quererme, para empezar a quererme de nuevo. Más y mejor.
Y ahora, miro mi reloj.
Son las once y once minutos y estamos donde tenemos que estar.
L.N.

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